Confesiones de un burgués
¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?
Como soy un proletario que necesita su trabajo no le puedo decir eso a los clientes, pero introduje el ‘no me consta’. El ‘no me consta’ es la versión cínica del ‘no sé’. Es "no sé y no me interesa saberlo". ‘El libro no está en stock ni en catálogo, señora’ ‘¿Pero existe?’ ‘No me consta’. Ojo: no es lo mismo constatar que constar.
El tema de las amistades que nada más tienen problemas es algo que vengo hablando con Javi hace rato. El otro día cuando sostuve que estoy más tolerante (con respecto a eso y el mundo en general), una amiga me acusó de ser un hipócrita y un careta.Su cuota de razón tiene (sino no sería mi amiga), pero la verdad es que la diferencia es sustancial.
Al hipócrita le importa lo que piensa el otro y (en mi caso) me hubiera esforzado en demostrarle que no es cierto, o que por lo menos, si es así es por alguna razón. Eso era antes, ahora me chupa un huevo que piense eso y por eso mismo, no me voy a molestar en decirle más que 'no me rompas las pelotas'. Ser tolerante es, entonces, saber decir 'no me rompas las pelotas, _____*'. Nada de intentar cambiar su veredicto. C'est comme ça.
*nombre de la persona a la que queremos imponer el nomerompaslaspelotismo.
Cuarteles de invierno
Todas del fiestas del mañana
a) Si sos un inútil y tus amigos te quieren, se van a indignar con tu modo de cocinar y van a proceder a remplazarte en tus funciones.
a) Cuando los invitados se van, la distancia que tenés que recorrer es la que separa el living de tu cuarto.
c) Si al día siguiente viene la empleada, ni siquiera tenés que limpiar (si tenés lavajillas tampoco tenés que lavar un solo plato. )
d) Podés permitirte comentarios a lo Mirtha ("¿Pasamos al living?")
e) Afianzás el vínculo con tus mascotas que van a estar contentas de verte.
Todas las almas
"Si te las contestara podría mentirte (y tendrías que aceptar la mentira
como verdad) o decirte la verdad (y no estarías seguro de querer la verdad). Si
no te las contestara podrías seguir insistiendo y yo podría enfadarme y discutir
contigo o hacerte reproches y seguir sin contestar, o bien mirarte perpleja y
quedarme callada durante días y seguir también sin contestar, hasta que te
cansaras de mi mirada y no de oír mi voz. Nos condenamos siempre por lo que
decimos, no por lo que hacemos. Por lo que decimos o por lo que decimos que
hacemos, no por lo que dice los otros ni por lo que hemos hecho."
"Entonces yo miré abiertamente al rostro de Clare Bayes y, sin conocerla, la vi
como alguien que pertenecía ya a mi pasado. Quiero decir como alguien que ya no era mi presente, como alguien que nos interesó enormemente y dejó de
interesarnos o que ya ha muerto, como alguien que fue o a quien un día
ya antiguo condenamos a haber sido, tal vez porque ese alguien nos
había condenado a nosotros a dejar de ser mucho antes."
Nieve
Soy molesto para dormir. Puedo roncar, hablar en sueños, patear, dar vueltas y destapar a la persona que esté conmigo. Por eso, la otra noche, cuando me descubrí enredado (tranquilo y quieto) debajo de las mantas, pensé que el amor (o su probabilidad) está en ese momento: cuando relajo los músculos y cierro los ojos.
Todos los nombres
(Lo dijo sin las bastardillas, pero uno le pone automáticamente las bastardillas a lo que los clientes dicen. A veces hay errores. Por ejemplo: “¿Tenés Cartas de amor de Nietzsche?”en vez de “Tenés Cartas de amor de Nietzsche?”)
Le dije que sí y fui a buscarlo. En donde tenía que estar no estaba. Antes de que pudiera decir nada Agustín se precipitó a buscar un ejemplar al depósito. Lucas se había quedado en su silla y no decía nada, creo que tampoco respiraba. Mientras caminaba, la chica iba agarrando libros que fue apilando en el mostrador. Me dijo, de nuevo con esa voz, “¿Qué tenés en francés bilingüe?”. Le dije que nada, que por ahí quedaba algo de poesía, pero nada de narrativa. Me preguntó si tenía algo de Mallarmé. Por sistema no aparecía ninguna ficha y no tenía ganas de buscar. Empujé a Lucas sacándolo de su estado de quieto embelesamiento. Fueron a la mesada en donde estaban los libros de poesía y volví a sentarme enfrente de mi computadora. De reojo vi cómo revolvían la pila de los Hiperión y ella iba separando, apenas mirando los títulos. Sonó el teléfono y atendí. Cuando corté vi que Agustín ya había vuelto con el libro y que estaba hablando con ella. Lucas se había quedado un poco de lado. Siguió con la razzia y la pila creció. En un momento preguntó si teníamos los diarios de Nijinsky. Ninguno de los tres había oído hablar de ese tipo y tuvimos que pedirle que nos deletree el apellido. No sin sorpresa, descubrimos el libro en cuestión sepultado en una estantería.
Sin pedir descuento ni cuotas sin interés, estiró una American Express dorada. Mientras pasaba la tarjeta preguntó “Ustedes deben leer mucho, ¿no?”. Su voz sumada a lo trillado de la pregunta generó miradas de reojo. No sé quién le contestó, pero una respuesta normalmente desinteresada y/o agresiva fue insólitamente amable. Su nombre y su apellido ocupaban dos líneas de su cédula de identidad: Agustina Picasso Mendizábal de Constantini. Chorreaba alcurnia por todos lados. Entablamos una conversación en la se mostró interesada por nuestros estudios y profesiones. Agustín se aventuró y preguntó qué hacía ella. Dijo, modestamente, que era artista y que no le estaba yendo nada mal. Nuevas miradas de reojo. Agustín preguntó más y ella deslizó que acaba de volver de Nueva York con su colectivo de arte y en breve se iban a París. Entrecruce de miradas sorprendidas.
Hechos inquietantes
Me puse a pensar en mi día y llegué a la conclusión de que ser un mortal como el resto no era tan bueno como quieren hacernos pensar.