Timbuktu II

Joaquina apareció en casa poco después de la muerte de Daisy, mi perra anterior. Carmen, la del laverrap de la esquina se la sacó al borracho de la estación, Joaquín y se la regaló a mi madre. Es cruza de calle con vereda pero tiene elegancia. Un día en el que las hijas de los vecinos recibieron visitas se puso incómoda y casi derriba el cerco. Ahí fue que nos enteramos de su oscuro pasado. Los papás de esas chicas la habían abandonado y le habían dicho a las chicas que se había muerto. Shock para todas (las nenitas yankees y Joaquina). Se quedó en casa, para alegría de todos, y descubrimos que cuando le hablás en inglés se pone un poco triste.
Tuvo siete hijos con Rocky. Mi hermano redactó un cartel: "regalo cachorros de raza extraña e indefinida. Desde ya, muchas gracias por su consulta". Joaquín, Matilda, Paquita y otros cuatro cuyos nombres nunca supimos porque casi no los volvimos a ver. Joaquín se murió de bebe. No tenía el reflejo de succión y aunque le dimos mamadera no sobrevivió. Matilda está feliz y contenta (es nuestra vecina). No le teme a las alturas y toma sol encima de la pared. A otro lo adoptó un cafetero. Del resto no me acuerdo. Dejé a Paquita para el final porque es la que se quedó con nosotros. Y digo bien se quedó porque no quisimos quedarnosla: lo decidió ella. Le hizo pis al mejor postor Cuando finalmente la regalamos se escapó y volvió a casa. Estaba bailando con Joaquina festejando que al fin estábamos solos cuando escuché el ruido de un perro en el jardín. El tiempo pasó y hoy es la perra más malcriada y consentida del mundo.

Timbuktu I

Anteayer llegué a casa y Paquita tenía un collar nuevo rojo furioso. A Joaquina le había tocado un azul francia. Miré interrogativo a mi hermano que estaba con la novia. Me dijo "comió veneno para ratas". Miré a Paca que me estaba mirando y le dije "¡Perra estúpida ¿cómo vas hacer eso?!". Paca bajó la vista y movió la cola nerviosa. Juan me dijo "No, fue Joaquina". Le pedí disculpas a Paquita. Nos abrazamos y ella me dio un beso. Agarré a Joaquina y le dije "¡Perra estúpida ¿cómo vas hacer eso?!" y movió la cola débil pero contenta de estar viva. Mi hermano había estado recortando la enredadera y buscando las tijeras de podar había tirado una caja con las bolitas del veneno. Cuando se dio cuenta de lo que había pasado corrió a la veterinaria. Así que la perra estaba bien. La habían hecho vomitar con mostaza y sal. Tenía cara de "me siento mal, tengo hambre y huelo a mostaza". Y era todo cierto. Paquita le lamía la cara sacándole los últimos restos de mostaza.
Mis perras sufrieron bastantes accidentes en su vida. A Joaquina la pisaron dos veces, a Paquita una. Pero Paquita se intoxicó con el agua de la pileta (¿conocen a otro perro al que le haya pasado lo mismo?). Joaquina tuvo embarazo psicológico dos veces (igual eso es normal).
Mañana: Joaquina The E! True Hollywood Story

La Internacional Argentina

Mi madre sale a las nueve, puntual. Yo me despierto nueve menos cuarto y ella se angustia. Me ducho y me visto. Salimos nueve y cinco. Mientras que me lavaba los dientes y me ponía la crema de los granos escuché cómo discutía con Juan (hermano barman) por la cuota de su colegio. Aparentemente no le habían dado el recibo bien. Mientras tanto, Javier (hermano piquetero) intentaba dilucidar a dónde podía alcanzarlo mi madre en el trayecto a su trabajo. Laura (ese es el nombre de mi madre) trabaja en Figueroa Alcorta y Tagle. Mi hermano necesitaba ir hasta Tribunales. Vivimos a siete cuadras de Libertador. Para llegar al trabajo madre tiene que hacer tres giros. Uno para agarrar la perpendicular a Libertador, otro para agarrar Libertador. De ahí derecho hasta el infinito y después el tercero es para agarrar por la que baja a Alcorta. De más está decir que mi madre no estaba dispuesta a sacrificar esa comodidad. Después de mucho suplicar se acostumbró a dejarme en Plaza Italia asi no tengo que caminar Sarmiento.
Durante el minuto veinticinco que me tomó calentarme mi café y agregarle un poco de leche escuché a mi hermano sopesar posibilidades. Su costado proletario lo tentaba (quería tomarse el tren y meterse en el furgón con la bicicleta.) Vestido, con el estuche de cd's en una mano y mi taza de café en la otra le gruñí que se tome el subte en Plaza Italia y que no joda. Dijo "¡Ah!" y caminó hacia la puerta donde mi madre esperaba impaciente. El barman me preguntó si pensaba llevarme la taza y le dije que sí. Mi madre se quejó y dijo que tenía que comprarme uno de esos vasos térmicos para que no se vuelque. Le dije que podía aceptarlo perfectamente como regalo, si no pensaba devolverme mi bolso. Conminé a mi hermano para que se subiera atrás, apoyé mi taza de café y puse música.
Después de cinco minutos de silencio, Javier le preguntó a mi madre si estaba contenta de haber recuperado su status de clase media. Mi madre contestó que sí, que extrañaba manejar. Que hacía más cosas y que incluso podía conversar a la mañana conmigo. Le pregunté a mi hermano si iba a devolver el celular que se había encontrado en el tren o no. Dijo que era de un "un cerdo, puntero del PJ en Morón" (sic) y que no pensaba devolvérselo. Había delucidado esto analizando el contenido del celular. Tenía, entre otros, mensajes de su hija, Evita. Le dije que con ese tipo de razonamiento el nuevo dueño de mi cámara (robada en el tren) debía pensar que era un pendejito bien y no un pelotudo que labura 35 horas por semana para comprársela. Mi hermano se rió con maldad y habló de justicia poética.

A este lado del paraíso

Mi margen de tolerancia para con la gente que está mal es reducido. ¿Qué quiero decir con eso? Está estrictamente relacionado con el nomerompaslaspelotismo. Se puede estar mal (no es este un brave new world todavía) pero está prohibido contaminar. Mi madre, por ejemplo, estuvo dos años tirada en su cama tomando pastillas; si le dabas la mano te agarraba el codo. También tengo presente a la imagen de mi padre sentado en un sillón en la penumbra a las cuatro de la mañana, vaciando sus vasos en silencio. Será por eso que me provoca tanto rechazo el laissez faire, laissez passer. No me gustan los malestares que tienden a la quietud, al estatismo. Prefiero, en cambio, a esa gente que irradia con sus pulsiones por el mundo. ¿Para qué sino tantos cursos y tanto deporte? Cuando estoy histérico en la librería temen porque empiezo a reorganizar estantes. Por eso no creo en esa pedorrada del "miedo a la página en blanco". La página está en blanco si te gusta verla y nada más que por eso. Ni siquiera tiene el charme que solía tener: nada menos sexy que el cursor titilando en el word. El erotismo del papel quedó atrás. Algunos lo rescatamos, cierto.

Ex

Anoche (con un par de margaritas mediante) una amiga confesó ser adepta al reciclaje. El rubor no tiñó sus mejillas. Paradójico, dado que es la precursora de la Isla de los Exes (una isla a la que se va a parar automáticamente cuando el ex antecede un título amoroso.) Agustín dijo que las cosas suelen quemársele cuando las recalienta en la sartén. Acoté que algunas cosas quedan bien con el microondas. No hubo consenso. Pensemos en las ventajas y las desventajas de sacar a alguien del freezer.
¿A favor? Hay confianza, y no es necesario encriptar la información: todo puede decirse de frente sin necesidad de los eufemismos y elipsis que son necesarios en la fase de "nos estamos conociendo". Uno puede afeitarse mientras el otro ocupa la ducha. Tampoco tenés que explicar horarios de trabajo, facultad y/o actividades extra curriculares desde cero. Sabés cuáles de sus amigos te caen mal y cuáles lamentaste perder cuando cortaron. El rito de presentación a familia y cia ya fue realizado y no es necesario repetirlo. (En mi casa lo de la familia no cuenta, pero mis perras son mala onda con la gente que se muestra cariñosa conmigo, toma un tiempo largo que se acostumbren). Vos cambiaste y el/la ex también.
¿En contra? Todo lo que te gritaste en la última gran pelea (y mucho más.) ¿Si no funcionó antes, por qué va a funcionar ahora? Los amigos que ya lo odiaban van a seguir odiándolo. Sus amigos que no te saludaban cuando salías con él cuando te cruzabas en la facultad tampoco van a hacerlo ahora. La ausencia de la pasión que caracteriza el principio de toda relación: la falta de sorpresa y novedad. Vos cambiaste y el/la ex también.
¿Es algo que se decide? ¿Es algo que pueda (volver a) funcionar?

Aun

No sé si alguna vez lloraron por teléfono. No es lo más cómodo, porque el auricular se pone viscoso. Puedo decir con los pocos restos que me quedan de hombría que no incordié a mucha gente por teléfono con mis sollozos de mariquita. Dos o tres personas, no más.
"Love is all a matter of timing" es una frase que me hizo encontrarme en un abrazo lloroso. Fue uno de los abrazos más hermosos que tuve. Besar pómulos que están un poco mojados es algo muy lindo.
Llorar en la ducha es una buena manera de que pase desapercibido. Llorar en la ducha con alguien mientras le ponés el punto final a una relación es una manera de no olvidar nunca. Llorar en público es "animarse a más". Llorar en privado es complacerse en la autoconmiseración. No sé qué es peor, vomitar o llorar. El vómito es algo que no podemos controlar. Es algo asqueroso, de eso no hay duda, pero ¿quién nos puede reprochar haber vomitado? Es una cuestión que nos excede. El llanto, en cambio, es otra cosa. Llorar en un tren es terrible, en un colectivo casi peor. Porque si no sos una chica linda, nadie va a acercarse para consolarte. O peor: puede acercarse alguien feo/a que te de más ganas de llorar. Cuando uno ve a alguien a en ese estado no sabe qué hacer ¿Ir en contra de lo que la ciudad te mete en la cabeza (cagarte en todo lo que te rodea) o intentar consolar a esa persona? Suelo volver con mis ojos al libro. Llorar acompañado es una buena forma de irritar a alguien con ese sonido de ser no evolucionado que producen nuestras fosas nasales con la mezcla de moco y lágrimas. No olvidar los hipos. Si quien acompaña nos quiere en serio va a dejar manchar el hombro con gusto. Llorar mientras caminamos con anteojos de sol es una forma barata e instantánea de ascender a Hollywood por un rato (nunca lo hice).
El otro día estaba esperando el 60 en Birabent empezó con "hoy me haces falta, /la verdad es que me dejaría caer / en el esplendido abandono, de mi pasado sobre todo, /de aquellas cosas que jamás "... llorar solo (o sólo) es una buena excusa para seguir llorando.

Todas las familias son psicóticas II

La salida temprana de la cama ese domingo me permitió hacer sentir mal a mi madre. Para lavar su conciencia me pagó un taxi de Lisandro de la Torre hasta el trabajo. La pregunta es: ¿qué hacía mi madre en una comisaria a las ocho y cuarto de la mañana de un domingo? Para los que me conocen la respuesta es obvia. Y no tanto. Tengo cinco hermanos: dos hermanos y tres medio hermanos. No los suelo mencionar mucho, pero existen y viven en casa.
Los que ya mencioné son Javier (el piquetero) y Juanito (el drogón). ¿Cuál sería esta vez? Javier tiene una actividad, llamemosla generosamente, "política" intensa. Pero sus desbordes post-setentistas nunca terminan entre barrotes. La mayor angustia que vivió mi madre fue verlo corretear (por Crónica, obviamente) con un tanque hidrante en el 2001.

Juanito, en cambio, es un bon vivant. La vez que terminó en una comisaría fue por fumar un porro en la calle. Y no uno, no dos, pero ¡tres!, sí, tres patrulleros se movilizaron para detenerlo. Nota graciosa: estaba en horario laboral. Su entonces jefa tuvo problemas para explicar su ausencia. Esta vez mi hermano no tenía ni una tuca encima y estaba caminando por Santa Fe con un amigo (a la altura de Sunny Sidro). Una botella de agua mineral era todo su equipaje. Ahorremonos los motivos por los cuales un patrullero los estaba buscando, porque realmente no habían hecho nada. La cuestión es que los cagaron a palos y los detuvieron en una comisaría. El bonus track fue que no los dejaron llamar a sus padres. Cuando mi hermano hizo uso del raciocinio que no tiene plastificado por la marihuana agarró su celular y llamó a mi madre.

¿Resumiendo?

Mi hermano y su amigo están bien, muy moretoneados. La ex montonera que tenemos por madre denunció civil y penalmente al asunto, que por otro lado, llegó a los oídos de Arslanian ("contactos de mamá", fue la escueta explicación de mi hermano). Mejor no preguntar.

Todas las familias son psicóticas I

Domingo 8:15 AM

"mmgrr..¿hola?"
"José ¿vos tenés una cámara?"
"¿Madre?"
"José. Rápido ¿tenés una cámara?"
"Sí."
"La necesito ahora."
"¿Pero para qué? Es chota."
"No tengo tiempo. Estoy en la comisaría. Vestite. La paso a buscar ahora"
"Pero no puedo. Trabajo"
"A qué hora trabajás?"
"A las dos."
"Bueno, son las ocho de la mañana José".

To be continued..

Color local

Una amiga se fue de vacaciones y quedé al cuidado de su departamento y su gata. La gata divina, el departamento también. Acostumbrado a viajar mínimo dos horas por día (mi colegio estaba en Belgrano, mi trabajo es en Palermo y la Facultad en Caballito) me encontré instalado a ocho cuadras del trabajo, agradablemente calefaccionado.
Cito a Diego "hoy le dije a Javi (hice un pronostico) a ver si acierto. Despues de esta experiencia anti conurbana que tuviste va a nacer un impulso definitivo para mudarte al centro". Cuando le comenté a Mártin que había llamado a mi padre para pedirle la garantía para mudarme, enfocó todo su pesimismo en los números que hice y demostró que no se sostienen por su cuenta. Además de la cuestión teórica, obviamente: "digo... nada, yo sé q soy el más pequeño burgués del mundo, y q casi no podría relegar nada por irme a vivir solo... pero, vos no sos igual?".
Mi familia es rara, tengo un hermano piquetero que puede vivir con un peso por día (y le sobra) y un hermano barman que trabaja esporadicamente y no sé de qué vive, de aire. Soy el único que terminó el colegio y empezó a trabajar dos semanas después y no dejó de hacerlo desde entonces. No es especialmente bueno porque nunca hice ahorros. me dediqué a gastar cada centavo. Mi madre está entusiasmadísima con la idea de que me vaya, pero no pudo prometer un monto fijo mensual. Parole, parole.
Una vez, conversando con una tía abuela fervientemente antiperonista, me dijo que su primera casa se la había comprado con un préstamo de Evita.¿Me va a tocar decir que me compré mi primera casa con un préstamo de Cristina?